Yo también fui becario

agosto 2026

Cada verano aparecen en las redacciones y en las agencias de comunicación. Llegan con la libreta nueva, el portátil cargado, mil preguntas en la cabeza y unas ganas inmensas de aprender. Son los becarios, un apoyo imprescindible en esta época para que todo siga funcionando mientras medio mundo se va de vacaciones. 

¿Recuerdas tu primer ‘trabajo’ como becario? Nervios, miedo a meter la pata, a no estar a la altura o a hacer una pregunta que parezca demasiado obvia. A muchos se nos olvida cuando, en esta época, llamamos a las redacciones y nos atiende alguien que no tiene muy claro qué tema va en qué sección, o nos llaman para pedirnos alguna información que otro más experimentado debería saber.  Se nos olvida, también, lo que supone enfrentarse por primera vez a una rueda de prensa, escribir una nota que va a leer un cliente, llamar a un periodista o entrar en una reunión donde parece que todo el mundo domina un idioma que tú todavía estás aprendiendo. 

Cuando vemos un coche con la «L», sabemos que quien va al volante aún está aprendiendo. No esperamos que conduzca como alguien con veinte años de experiencia. Le damos margen, tenemos un poco más de paciencia y, si somos responsables, intentamos no ponerle más presión de la necesaria. Con los becarios debería ocurrir exactamente lo mismo, y el papel de quienes llevamos más tiempo en esta profesión no es solo supervisar o corregir. También es acompañar. Explicar el porqué de las cosas. Compartir trucos que no aparecen en ningún manual. Corregir sin desanimar. Dar confianza cuando aparecen las dudas y celebrar los pequeños logros que, vistos con perspectiva, son los primeros pasos de una carrera. Porque todos, absolutamente todos, empezamos igual.

Pero también conviene aprovechar lo mejor que muchos de estos jóvenes, quizá recién licenciados, traen de serie: la ilusión.Esa energía con la que llegan, esas ganas de aportar ideas, descubrir herramientas nuevas o de cuestionar algunas inercias son un regalo para cualquier equipo. La experiencia es imprescindible, pero las miradas frescas también hacen crecer a las organizaciones.

Arrieritos somos

Tanto en la comunicación como en el periodismo, nadie crece solo. Las mejores carreras suelen construirse gracias a personas que dedicaron unos minutos a enseñar, corregir o simplemente escuchar. Esa cadena de aprendizaje es una de las mayores fortalezas de la profesión.

Y recuerda, esos becarios que hoy toman apuntes en silencio, preguntan cómo funciona una convocatoria o revisan un texto tres veces antes de enviarlo serán, dentro de unos años, los periodistas que cubrirán la actualidad, los responsables de comunicación en empresas e instituciones o consultores que trabajarán codo con codo con nosotros. El talento que necesita el sector no aparece de la nada. Se forma. Se acompaña. Se cuida.

Quizá por eso merece la pena hacer un pequeño ejercicio de memoria cada verano. Recordar nuestro primer día. La primera llamada que nos dio vergüenza hacer. El primer error que pensamos que sería el fin del mundo y que, con el tiempo, acabó convertido en una anécdota. Recordar a esa persona que nos explicó las cosas con paciencia, que nos dio una oportunidad o que confió en nosotros cuando todavía no habíamos demostrado nada.

Desde aquí, nuestro pequeño homenaje a este pequeño ejército de manos, ojos y oídos que mantienen vivas las redacciones y las empresas de comunicación cuando muchos otros se toman sus merecidas vacaciones. Les esperan trabajo duro, mucho aprendizaje y unas ganas inmensas de demostrar lo que valen.

Este verano, cuando veas llegar a un becario, detectes que uno te ha cogido el teléfono o te ha enviado un mail, recuerda la «L». Al fin y al cabo, somos compañeros. Solo que algunos llevamos unos cuantos kilómetros más.

Y, antes de eso, todos fuimos ellos.

Yo también fui becario
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